Carta a pandilleros y policías: ¡Ya basta!

Este agosto es un mes negro: a la fecha han muerto más de 700 salvadoreños en una ola de violencia sin precedentes. Al terminar el mes, serán unos 800. Esto hay que pararlo ya.

Pero, ¿cómo pararlo?
Todos los involucrados coinciden que estamos ante un problema complejo, cuya solución requiere de políticas integrales, grandes inversiones, acuerdos nacionales,  y mucho tiempo. El mismo gobierno manifiesta que, aparte de su acción policial y militar, urge implementar un ambicioso plan de prevención e inversión social, y para esto ha creado el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y su “Plan El Salvador Seguro”.

La oposición política, la empresa privada, los centros de pensamiento, la academia, las iglesias, todos coinciden en la necesidad de construir acuerdos que permitan implementar un plan integral de largo plazo y a movilizar los recursos que sean necesarios.

Los mismos pandilleros reiteradamente hablan de un proceso de reinserción, que pasaría por la creación de oportunidades económicas, no solo para ellos, sino para las comunidades donde viven sus familias. Ellos saben que esto, incluso si hubiera voluntad por parte de todos, tomará mucho tiempo.

Entonces, está claro: Cualquier solución al problema de la delincuencia y violencia pandilleril, sea cual sea su diseño, tomará tiempo. Incluso en el caso más positivo que  las fuerzas políticas y sociales llegaran a un acuerdo nacional sobre el tema, y que además estarán disponibles los fondos para implementarlo, la solución no sería a corto plazo.

Y mientras tanto, ¿el país se seguirá desangrando al ritmo actual? 
Esta perspectiva es inaceptable, el país y su fibra política, social y moral no lo aguantarían. Es más: el grado de conflictividad haría inviable hasta el mejor plan integral, aun en el caso ideal que este basado en un amplio acuerdo nacional.

No hay otra: Primero hay que parar la actual espiral de la violencia, la perversa lógica de la venganza mutua. Y hay que hacerlo ya.

Ustedes, los pandilleros, si realmente quieren ser “parte de la solución”, como siempre han afirmado en sus declaraciones y comunicados, tienen que parar esta locura de asesinar a policías, soldados, custodios y sus familiares. Y dejar de sembrar terror en la ciudadanía.

Ustedes, los miembros y mandos de la PNC y la Fuerza Armada tienen que parar cualquier acción de exterminio contra pandilleros y sus familiares. Tienen que adoptar una política de cero tolerancia frente grupos de “limpieza social”, dentro y fuera de sus cuerpos armados, y definir con claridad las reglas del enfrentamiento en el sentido que el uso de la fuerza es exclusivamente para capturar a delincuentes, no para eliminarlos. Claro que ustedes, los policías y soldados, tienen todo derecho de defenderse, incluso con fuerza letal, cuando son atacados por delincuentes armados. Pero esto no es lo mismo que diseñar operativos policiales con lógica de guerra: provocar enfrentamientos con el fin de poder causar bajas. El fin último de la policía no es causar bajas, sino capturar y prevenir crímenes.

Es la acción desenfrenada de pandilleros y de policías que en el transcurso de este año ha convertido el enfrentamiento directo entre Estado y pandillas en el principal motor de la ola de violencia. Hay que apagar este motor.

Si esto se logra, podríamos por lo menos parar la espiral de violencia y venganza que tenemos ahora. Como dije al principio: Esto no es la solución del problema, porque todavía no ataca las raíces del problema. Las pandillas seguirán existiendo y delinquiendo, mientras el país no avance hacia una solución integral del problema. Y la policía, la fiscalía, el sistema judicial seguirán aplicando la ley, capturando y enjuiciando a los pandilleros , pero ojo: la ley, no la guerra, no campañas de exterminio. Lo que hay que parar es la acción terrorista por parte de las pandillas, y evitar que en respuesta surja, como en los años de la guerra, terrorismo de Estado.

Nadie está hablando de una tregua. 
Nunca hubo y nunca puede existir una tregua entre el Estado y delincuentes. Se trata de que las pandillas dejen de deslizarse hacía la acción terrorista y que el Estado, la PNC, la Fuerza Armada, se blinden contra el peligro de convertirse nuevamente en violadores de derechos humanos. Nada más. Nada menos. Pero no sería poca cosa, si de esta manera se lograría parar la matanza ahora desenfrenada, y de paso crear mejores condiciones para construir, con menos sangre derramada, con menos terror en la población, las soluciones integrales que el país necesita para pacificarse.

Para parar la locura que vivimos ahora, con 800 homicidios al mes, no hace falta ninguna negociación. Hace falta que cada uno - pandilleros, PNC, soldados, Estado - por su cuenta y conciencia haga caso al grito desesperado de “¡YA BASTA!” de las comunidades que viven un infierno de violencia, de las víctimas, de la sociedad entera.

Como dijo monseñor Romero: Paren la matanza. No obedezcan órdenes que les obliguen a matar a sus hermanos.

Paolo Lüers

(Mas!/El Diario de Hoy)

Carta a los renovadores

Estimados amigos:
La renovación de la política -y en particular de ARENA- quedó a medio camino. Ahora que no tenemos elecciones cerca es cuando hay que profundizarla. No digo “terminar”, porque la reforma y la renovación deben ser permanentes.

Felicito a Roberto D’Aubuisson por su valentía y sabiduría de pararse en frente de la tumba de su padre y exigir a ARENA que elimine de su himno la patética frase de la “tumba de los rojos”. Hay que hacerlo. Adopten la versión rock de su himno, con los cambios propuestos. Pero esto no será suficiente. Es simbólico, mientras no es acompañado por pasos concretos de renovación.

Queda pendiente la reacción de todos ustedes a un documento que hace 5 años presentó un grupo de intelectuales independientes. En aquel entonces, no se aprovechó la oportunidad de tomar este manifiesto de renovación como punto de partida de un amplio debate interno y con la sociedad. Pero nunca es tarde. Ya se comprobó que ARENA es débil cuando se enconcha, y fuerte cuando se abre a la sociedad.

Aquí las ideas centrales de este reto al partido:

“Es la hora de recuperar el orgullo de los areneros por todo lo que han aportado a la Patria, a la paz, a la democracia, a las libertades y al crecimiento económico del país, pero también es hora de mostrar la capacidad autocrítica necesaria para reconocer y superar los errores del pasado.”

“Muchos piensan que la audacia más grande de ARENA fue haber asumido, en medio de la guerra, la defensa de la libertad. Pero el logro más audaz de ARENA fue otro: escuchar el clamor popular por la paz, terminar la guerra y encabezar la más profunda y democrática reforma de nuestro sistema político.” (Ahora tocará a ARENA nuevamente dar este salto de calidad, superar sus propios amarres ideológicos y populistas, y ponerse a la cabeza de un auténtico proceso de paz. Igual como sólo Cristiani pudo llevar el país de la guerra a la paz…)

“La crisis de ARENA no comenzó con la derrota electoral (del 2009), sino con la derrota de la democracia interna en años anteriores. Tampoco la crisis se agudizó con la salida del Partido del grupo (de Antonio Saca) que antes lo dominaba. Por el contrario, ahí empezó el proceso de superación de la crisis.”

“No es suficiente reconocer los errores. Hay que crear los mecanismos necesarios para que no se repitan. Hay que construir y fortalecer la democracia interna de ARENA. ARENA tiene que fortalecerse como derecha democrática frente a la derecha populista, y como derecha con ética frente a la derecha corrupta. Este es el verdadero contenido de la renovación actual de ARENA.”

“ARENA debe renovar su forma de relacionarse con la gente, modernizar su estilo de trabajo, recuperar la mística, y abrir las puertas a todos aquellos patriotas identificados con la democracia representativa como único sistema que garantiza las libertades y el desarrollo económico.”

“Declarar ARENA un partido liberal no significa abandonar sus raíces históricas. El liberalismo siempre ha sido la motivación que sustenta su lucha por las libertades y en contra del autoritarismo en cualquiera de sus manifestaciones. ARENA seguirá siendo republicano, porque seguirá dispuesto a defender el sistema de democracia representativa. ARENA seguirá siendo nacionalista, porque siempre pondrá el interés de la nación y de la patria encima de cualquier forma de interés particular.”

“ARENA no es un partido conservador, porque está comprometido con la reforma como instrumento mediante el cual las sociedades se adaptan a nuevas realidades y necesidades. ARENA es el partido que promoverá la reforma política, institucional y social como mecanismo de defensa de la pluralidad y contra el intento del FMLN de sustituir nuestra economía social de mercado por un sistema que lleve a más pobreza y miseria.”

“Corresponde a ARENA asumir el combate a la pobreza con la misma responsabilidad y seriedad con que asumimos la creación de riqueza.” (Esto es tal vez el reto más difícil que enfrentan ustedes.)
“ARENA no debe confundir los intereses de algunas empresas con el desarrollo económico del país. El desarrollo económico debe sustentarse siempre en la libertad creativa de los individuos. Hay que reconocer el impacto del esfuerzo de los empresarios para la creación de la riqueza nacional, pero el desarrollo económico también debe sustentarse siempre en la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos.”

“ARENA debe colaborar de manera permanente en la construcción de una cultura de legalidad, que empieza con el respeto a las leyes de tránsito y llega hasta el rompimiento con la impunidad de políticos y empresarios que se alían con el crimen común y organizado.”

¿Entonces? ¿Al fin van a abrir el debate? La sociedad está esperando hacia dónde quiere caminar ARENA. O sea, si es una opción para superar la crisis del país, o parte de la misma…

Saludos, Paolo Lüers

Posdata: Lea el documento completo aquí citado en:
http://siguientepagina.blogspot.com/2014/02/un-nuevo-compromiso-para-el-salvador.html)

Carta al gabinete de Seguridad: Buscando a quién echar la culpa

Estimados gobernantes:
Este mes el país va a batir el record de muertes. Tendremos en agosto más que los 630 homicidios de mayo y los 670 de junio. Pero las declaraciones de ustedes, los que mandan, son incoherentes y contradictorias. Algunas, francamente, son ridículas. Palo de ciego. Palabrerío. Les mando una pequeña colección, lo que cabe en esta carta.

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Benito Lara, ministro de Justicia y Seguridad: “El plan creado por el ex ministro de Seguridad, Manuel Melgar, por algunas razones, tuvo alguna dificultad en su aplicación a plenitud, pero podemos decir que esa ha sido una de las bases de nuestro plan.”

Eugenio Chicas, secretario de Comunicación de la Presidencia: “El presidente considera que estamos en el rumbo correcto; por lo tanto, no están previstos cambios en materia de seguridad.”

Salvador Sánchez Cerén (7 julio 2015): "El promedio de la cifra global de todo el año es de 10.12 homicidios.” (La cifra real es 15.65 homicidios al día; enero a junio 2015)

Salvador Sánchez Cerén, presidente de la República: “Lo que yo percibo en algunos medios de comunicación es una campaña de intimidación sobre el tema de la violencia.”

Hato Hasbún, comisionado presidencial de Seguridad: “La PNC va a tener 200 hombres, ayer el presidente lo anunciaba, en un batallón especial, un batallón de limpieza”.

Hato Hasbún: “No se trata de batallones de limpieza, son de reacción inmediata.”

Salvador Sánchez Cerén: “Dentro de esos 481 homicidios que se cometieron en marzo, más de 140 son pandilleros que murieron en enfrentamientos o murieron en combates de encuentros con la Policía.”

Benito Lara: "La gran mayoría que han muerto en los últimos días son pandilleros."

Ricardo Martínez, inspector general de Seguridad Pública (hasta julio 2015): “Este ente contralor no iniciará procedimientos disciplinarios sancionatorios en contra de los miembros de la corporación, que en operativos y en cumplimiento de su deber, plenamente justificado y probado cometan cualquier tipo de faltas.”

Oscar Ortiz, vicepresidente de la República: “Nuestro gobierno quiere expresar el respaldo completo a las declaraciones de nuestro director de la PNC en relación con cualquier miembro de la PNC, nuestra policía, que en cumplimiento de su deber, en defensa de los ciudadanos, de su integridad, deba hacer uso de su arma de fuego, debe hacerlo sin ningún temor de sufrir consecuencias por ello.” 

Mauricio Ramírez Landaverde, director general de la PNC: "Necesitamos que los policías tengan conciencia que pueden usar su arma de equipo para defenderse o defender a terceras personas... Hay una institución que los respalda, hay un gobierno que los respalda. Disparen con toda confianza y con convicción." 

Benito Lara: En esos enfrentamientos y en la efectividad de la Policía también hay homicidios.”

Hato Hasbún: “No hemos perdido territorios sino comunidades ante las pandillas, lo que hay son lugares donde es necesario recuperar la comunidad.” 

Hato Hasbún: “Nosotros tenemos control de todo el país. Aquí no se puede decir que hay control territorial de las pandillas. Se quiere decir que ahí no hay presencia del Estado.” 

Medardo González, secretario general del FMLN y primer designado a la Presidencia:
"Tenemos pruebas en donde líderes de la derecha salvadoreña realizan reuniones clandestinas con las cabezas de las pandillas, para provocar zozobra, miedo y desestabilización en el pueblo salvadoreño."
 
Medardo González: "Es demasiado casual la insistencia y la petición de diálogo que hacen las pandillas y el diálogo que pide ARENA."
 
Comisionado Mauricio Landaverde Landaverde, director general de la PNC:  “Esta institución 
ha tenido que enfrentar la agresión de grupos, guiados por grupos de poder, que creen que lanzando 
violentamente a estos grupos en contra de los salvadoreños van a lograr sus objetivos económicos y 
políticos.” 
 
Eugenio Chicas, secretario de Comunicación de la Presidencia: “Mijango y Lüers podrían estar 
buscando que las pandillas se unan.”
 
Sitio oficial fmln.org.sv: “El diputado Medardo González también señaló a Raúl Mijango y Paolo 
Luers de ser voceros de pandillas criminales.”
 
Benito Lara: “No podemos permitir una desestabilización del gobierno a partir que se esté usando 
a la delincuencia.”

Benito Lara: “Cuando nosotros nos sentamos con la gente de organizaciones internacionales y 
les explicamos la situación, ellos hasta nos dicen ´miren, de verdad que ustedes están muy bien, 
están avanzando.´” 
 

Benito Lara: “Debemos tener plena seguridad que esta batalla la vamos ganando. Vamos
por el camino correcto.”
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¿Cuándo escucharemos un análisis objetivo y un plan claro? ¿Cuándo dejarán de echar la
culpa a otros?

Pendiente. Paolo Lüers

(Mas!/El Diario de Hoy)


Carta a Jorge Nieto: Su pecado fue haber confiado en Tony Saca. De Paolo Luers

Estimado Jorge Nieto:
En la lógica populista de “circo y pan”, el poder siempre necesita a alguien para “echarlo a los leones”. Mala suerte, don Jorge: El próximo en fila es usted…

Luego de fracasar con el caso CEL-ENEL, y ante la posibilidad real que también les caiga la acusación contra Paco Flores, el caso Diego Holguín es probablemente el último cartucho que les queda a Funes, el FMLN y el fiscal general para entretener al populo con un ex funcionario de ARENA echado a la arena para que lo acaben. En este caso no serán los leones y tigres del Circo Romano (ya somos más civilizados), sino las fieras del Circo Salvadoreño: los aficionados y profesionales del linchamiento público, los troles de las redes sociales, y unos cuantos fiscales y jueces corruptos.

Si hay un caso donde no hay duda de que están tratando de manipular el sistema judicial es el caso Diego Holguín. En este caso no se trata tanto de venganza política, sino más bien de proteger a los verdaderos responsables.


Cuando el caso Diego Holguín comenzó a sonar, con nuevo ministro del MOP, Gerson Martínez, mandando (literalmente) camionadas de documentos a la fiscalía, todo el mundo dijo: Que bueno, van por David Gutiérrez y Tony Saca. Nadie hablaba de Jorge Nieto, porque todos sabíamos que el único pecado que usted cometió fue haber confiado en Tony Saca, cuando le pidió asumir el MOP para limpiar el desastre que había dejado David Gutiérrez. Este tipo de pecados se pagan caras…

Al principio varios los líderes del FMLN, incluyendo Gerson Martínez, dijeron: Esto no es con Jorge Nieto, quien solo trató de salvar el proyecto Diego Holguín, esto es con David Gutiérrez. La mala suerte suya fue que los autonombrados luchadores contra la corrupción (Mauricio Funes y Gerson Martínez), luego de denunciar con bombos y platillos la escandalosa corrupción alrededor de la construcción del Diego Holguín, de repente terminaron haciendo un pacto político con Tony Saca y GANA. Y a partir de este momento, tenían que proteger a David Gutiérrez, porque si la investigación se enfocara en Gutiérrez, como debiera ser, no había forma de evitar que salpicara a Tony Saca.

Solo les faltaba un elemento más: un fiscal dispuesto a convertir el caso David Gutiérrez/Tony Saca en el caso Jorge Nieto. Pero el entonces fiscal Romeo Barahona dijo: “Por más camiones que me manda Gerson, no cambia el curso de la investigación” (LPG, 24 de mayo 2012). Tuvo que llegar Luis Martínez para construir el caso Jorge Nieto y desaparecer el caso David Gutiérrez/Tony Saca. Llegó en diciembre del 2012 – y a partir de ahí el FMLN, el fiscal, el ministro Gerson Martínez dejan de investigar a David Gutiérrez…

A partir del pacto FMLN-Saca, el caso Diego Holguín se trabó; y a partir de la llegada de Luis Martínez a la FGR, toma un nuevo giro: contra usted. Solo esto es prueba suficiente para entender el suyo es otro juicio político.

Si alguien tenía duda de esto, solo tenía que observar la última audiencia. La jueza había decretado, durante todos los día de la audiencia, que no podían haber cámaras de televisión. Pero el último aceptó la solicitud de Gerson Martínez que quería declarar como “ofendido”. La jueza aceptó, pero le advirtió que el ofendido es el estado representado por el fiscal, y que sus declaraciones no podían influir en el proceso. Así que Gerson solo vino a dar declaraciones políticas. Y estas, de repente, ante las cámaras de televisión.

Y el día de la sentencia, el 31 de julio, la jueza se reunió en privada en su oficina.. adivinen con quién: con Gerson Martínez. Y luego de dar su sentencia y pasar el caso a juicio, dijo: Lo siento, no pude hacer nada, el caso ya estaba armado…

Las irregularidades de la fiscalía en este caso son serias. La jueza tuvo que reclamar durante 11 meses que entregaran los peritajes que sostienen sus acusaciones. Al final resultó que las firmaban empleados del mismo MOP, que hubo problemas con firmas y sellos, y que el que formó el peritaje topográfico no era topógrafo. Cuando la defensa solicitó un peritaje independiente, el tribunal no lo permitió porque había pasado el plazo. Claro, el plazo venció porque la fiscalía retuvo durante 11 meses sus peritajes…

La esencia del caso: Jorge Nieto resolvió el pleito con los constructores proponiendo un arbitraje. El arbitraje se perdió por negligencia de la fiscalía que no hizo valer un documento firmado por la empresa que explícitamente excluía cualquier sobreprecio. Pero se logró evitar que la obra quedara paralizada por un pleito judicial que podía durar años. Hoy acusan a Jorge Nieto por haber resuelto los pleitos causados por decisiones arbitrarias de David Gutiérrez, cuando cambió el tramo original e invadió terrenos de la alcaldía de San Salvador.

Las peores cosas que pueden arruinar un sistema judicial son dos: que lo utilicen para dar impunidad a unos; y que se preste para venganzas políticas contra otros. Ambos pecados se juntan en el caso Diego Holguín.

Si hay justicia en este país, a usted lo tienen que liberar de los cargos y volver a abrir el caso original, contra David Gutiérrez. Aunque se lleven de encuentro a Tony Saca. El obstáculo para esto se llama Luis Martínez, fiscal general de la República.

Lo siento, don Jorge, pero parece que lo quieren fregar. Saludos,
firma paolo 
(Mas!/El Diario de Hoy)

DIÁLOGO Y PANDILLAS




Luis Antonio Monterrosa, 
22 de julio de 2015 (edición final del 14 de agosto de 2015)
Tomado de 
Luismonterrosadiaz.blogspot.com

En los últimos meses, dialogar o no dialogar se ha vuelto un tema de discusión, con sus detractores y con sus postuladores. En ello ha aparecido mucho de razonamiento ideologizado con razones insostenibles, débiles e incluso falaces, sobre todo desde aquellos que se oponen. Por otro lado, me parece ha faltado argumentación más robusta para poder lanzar el diálogo. 

Examinamos en este documento, como un ejercicio de desideologización, las razones que pueden favorecer el diálogo bajo el supuesto que es el mecanismo idóneo para abordar la problemática social. Examinamos sus posibilidades, sus interlocutores así como posibles caminos de acceso. 

1. ¿Se puede o no se puede? 

Promoví y participé de un proceso de diálogo entre instituciones y una pandilla hace más o menos diez años. Escribí un pequeño informe analítico sobre ello1. Vengo trabajando ya hace algún tiempo sobre estos temas de violencia, pandillas y construcción de paz. Con esto quiero decir que hablo con propiedad y no por mera especulación. 

Soy partidario de la posibilidad y necesidad de realizar un proceso de diálogo con ese mundo que denominamos “maras y pandillas”. Soy consciente al mismo tiempo de las limitaciones y dificultades que supone e implica. Para comenzar habrá que decir, en cuanto a la conflictividad se refiere, y más si está en referencia a asuntos sociales, los procesos de diálogo no son nada fáciles, pero no imposibles. 

No son nada fáciles porque exigen cierta disciplina, metodología, terceras partes para facilitar el proceso, etcétera... pero, quizá el elemento más complicado, una disposición personal y social para emprender el camino (sensibilidad). Las más de las veces no existe la disposición personal y social que permita la apertura al Otro (suena muy filosófico, pero en realidad así es) sea porque este Otro u Otra es diferente y tenga construido sobre ellos y ellas unas ideas particulares, entre acertadas y erróneas. Precisamente por esta razón decía Adam Curle2, venerable cuáquero británico asociado al concepto de construcción de paz (peacebuilding ya como término técnico), que la mediación3 es básicamente un proceso psicológico que se proponer reducir la adversariedad, es decir, mi visión equivocada del Otro, de modo que me permita sentarme y dialogar. 
 
Que no se pueda “dialogar con delincuentes” en realidad es absolutamente discutible. En realidad, sí se puede. No hay nada en términos de posibilidad que lo impida. Otra cosa es que no exista voluntad (política, jurídica o de la forma que sea) para hacerlo. La pregunta interesante de fondo aquí tendría que ser por qué existe grupos o instituciones interesadas en impedir cualquier tipo de diálogo. Para esto no tengo respuesta sensata, al menos por el momento. 
 
En realidad sí se puede y sí se ha hecho e incluso hay respaldo jurídico para hacerlo. El concepto penal del “criteriado” es precisamente expresión aplicable de este hecho. Si la persona puede reconocer la comisión de ciertos hechos delictivos, puede negociarse la reducción de la pena. Y para negociar hay que dialogar (en realidad son dos cosas distintas, pero que suele usarse indistintamente para referirse a un proceso único de generación de entendimiento). 

Rápidamente dos ejemplos mediáticos. Antonio Rodríguez, religioso pasionista, acusado por la FGR de “traidor a la sociedad” negoció con sus fiscales para admitir su pena y reducir así su sentencia (existen indicios fuertes que fue presionado para este proceso). El descuartizador Chávez pasó de ser acusado de homicidio agravado a homicidio simple (¡!) suponemos que para favorecer la reducción de pena. Por tanto, sí se puede dialogar / negociar con delincuentes. La FGR ya lo ha hecho antes y seguramente lo seguirá haciendo (otra cosa es si es una práctica respetable). 

Por tanto sí se puede dialogar/negociar. Al menos la experiencia dice que sí. Otra cosa es la manera, el método, los interlocutores, lo sustantivo en discusión o más expresamente dicho qué se negocia y sobre qué se dialoga. Uno de los argumento contra la famosa tregua de 2012 es que no se sabe qué se negoció y que no fue transparente. Sin entrar a discutir sobre esos puntos, en realidad esos argumentos propiamente no son contra el proceso de diálogo / negociación en sí, sino contra una posible modalidad (no entro en este momento a discutir sobre la modalidad precisa realizada en 2012). Lo que se dice en realidad es “así no... de esta manera no” pero no se dice que no se pueda dialogar o negociar, por ejemplo, de manera transparente o con determinados interlocutores. 

2. Dialogar ¿con quién? 

En segundo lugar, veamos el asunto de los interlocutores como una manera de profundizar sobre los términos mismos del diálogo. Aquí nos fijamos en la referencia expresada en “diálogo con delincuentes”. ¿Son real y sustantivamente los pandilleros delincuentes? En términos sociológicos, y en términos de puro análisis lógico, no deberían meterse en el mismo saco pandilleros y delincuentes. El fenómeno de las pandillas en principio es un problema social y no necesariamente criminológico o delictivo. Por supuesto, existen grupos identificados como pandilleros que realizan acciones delictivas vinculadas por ejemplo con la extorsión, el homicidio (especialmente entre grupos rivales), pero buena parte de los grupos son meramente juventud excluida que encuentra un modo de vida en eso que llamamos pandilla y además, una forma de inclusión. 

El grupo con el que yo trabajé no eran extorsionistas ni homicidas ni criminales. Ciertamente tenía una fuerte identidad pandilleril (sus takas, sus señas, su pertenencia, etc.) Desde este punto de vista era una expresión juvenil alocada, diferente y chocante para muchos si se quiere. Pero eran jóvenes producto de una condición social de exclusión. Aquí suele resonar el problema de origen de la violencia. ¿Son las pandillas violentas por sí mismas o nuestras pandillas en El Salvador son violentas porque son producto de una sociedad violenta? En mi análisis me inclino por lo segundo. Hay otras expresiones pandilleriles, en Nicaragua por ejemplo, que no son lo violentas que son las salvadoreñas. Pueda que en el presente haya una exacerbada vinculación entre pandillas y violencia criminal, pero no fue así en su origen ni pasado inmediato. 
El problema de estos argumentos es que al ser retrospectivos, siempre tiende a concluirse que hubiese sido menos complicado actual en el pasado. La ventaja, si es que debemos conceder alguna, es que nos puede permitir tener la osadía de decir “comencemos ahora” y no arrepentirnos en el futuro. Es decir, si hace diez años, o hace veinte si se quiere cuando comenzaban estas expresiones contraculturales violentas juveniles urbanas, hubiésemos comenzado a hacer algo, no estaríamos con el nivel descomunal de violencia que tenemos hoy. 

Por eso me es importante citar a David Escobar Galindo, libre de casi toda sospecha de sociologismo izquierdista, quien ya en 1998 decía que una “sociedad marginadora está creando el mejor almácigo para la violencia4. Lo decía en presente progresivo; hoy podemos decir: aquella sociedad marginadora y excluyente fue el mejor almácigo para la violencia. La violencia tiene una raíz fundamental en la exclusión. Las pandillas son expresión de esa exclusión y marginación de este modelo económico social impulsado desde los noventa.

Con fines meramente ilustrativos, en la Figura 1, elaborado por El Faro
5, muestra los
términos de ascenso de la tasa de homicidios desde el año 2000 hasta el año 2015. Más allá del dato cuantitativo (pasamos de una tasa de 45.5 a una tasa superior a los 70), podemos ver la progresión hacia arriba.

Sin embargo esta progresión ascendente no es nueva. De hecho viene desde los años sesenta y se vuelve más pronunciada en los años noventa, justo en el período de transformaciones económicas de la posguerra vinculadas al modelo neoliberal. Un estudio más exhaustivo mostraría que existe una relación entre el modelo económico neoliberal y el crecimiento de las pandillas. En la medida que el modelo económico genera exclusión y perdedores por la vía del libre mercado, las pandillas favorecen el nacimiento de organizaciones no-tradicionales de inclusión. 

La Figura 2, tomada de un estudio6 de 1997 muestra precisamente no sólo que la tendencia alcista viene ya décadas atrás, sino también que hay un repunte significativo en la década de los noventa. 

 
Figura 2

Es por tanto un fenómeno económico – social... agréguesele cultural si desea y cualquier otra dimensión o categoría sociológica. Pero no es un problema primariamente de criminología, sino primariamente un problema social. Por tanto, los problemas sociales deben ser abordados y atendidos socialmente. Es un error descomunal enfrentar los problemas sociales por métodos asociados a la seguridad pública como problemas de criminalidad. Claro, este problema social tiene múltiples aristas, una de las cuales es el problema delictivo y de seguridad pública. Pero no es fundamentalmente un problema delictivo, sino social. 
  Por eso hace algún tiempo atrás en un análisis para Interpeace7 nos parecía apropiado establecer distinciones de ese todo difuso que solemos llamar “maras y pandillas”, porque con un mismo nombre podríamos estar nombrando realidades totalmente distintas, como ya ha establecido especialistas críticos y serios como J. Katz y C. Jackson Jacobs8, Sánchez-Jankowsky y Rocha.
El espectro detrás de eso que llamamos “maras y pandillas” es sumamente diverso y como buen ejemplo de conjunto difusos9, los límites de un grupo a otro son más bien poco definidos y las pertenencias no son exactas, sino según grado e incluso según cierta probabilidad. 

En el Tipo I encontramos cualquier tipo de agrupación, en genera: un grupo de cheros que comparte ciertas características (como edad), circunstancia (como el territorio o la escuela) y/o actividad (deporte, aficiones, etc.). Conviviendo estos grupos en una cultura de violencia (como es el caso de El Salvador) es “natural” que incurran en actos violentos. Aquí entra cualquier agrupación de
salvadoreños normalmente nos autodefinimos como “mara”: la mara de la UES o de la UCA, la mara de la colonia, la del banco, etc.

En el segundo tipo de grupo, se suele construir la identidad en términos de algún

tipo de adversariedad (identifico mis enemigos). Esto es típico de sociedades polarizadas, lo cual es un indicativo de un alto grado de conflictividad de origen diverso. En el Tipo II entran cierto tipo de grupos especializados con identidad marcada por la conflictividad definida por la adversariedad: Liceo vrs Externado, Técnicos vrs Nacionales, ARENA vrs FMLN, los Barça vrs los Real, FAS vrs Alianza... diversas expresiones de polarización que padecemos en el país. 

El Tipo III, maras y pandillas en el sentido estricto, representadas emblemáticamente por los números (18) y las letras (MS) no son más que expresión especializada del Tipo II. Claro, ha habido en los últimos veinte años diversos grupos con diversos nombres. Estos grupos suponen ya una cierta militancia con un cierto grado de orgullo10. En los años 90 se generaron condiciones propicias en el país para constituirse el almácigo al que hacía referencia Escobar Galindo más arriba. La exclusión genera las pandillas. Estas se vieron robustecidas por los hommies deportados de EEUU, algunos con antecedentes penales. Es curioso que el life style de estos grupos es muy american way of life, especialmente Los Angeles Style. Así, estos grupos son violentos por pertenecer a una cultura violenta por sí, producto de una sociedad excluyente y que asimila culturalmente un estilo de vida americano. 
Pero hay más aún. El Tipo IV corresponde a bandas criminales especializadas, normalmente derivadas de los grupos del Tipo III o que bien son grupos utilizados por el crimen organizado para actividades delictivas desde la extorsión hasta el sicariato y el narcomenudeo. 

Los círculos inscritos dan cuenta de la relación puesto que en realidad los Tipos II IV son subtipos de dinámica de grupos polarizante inmersos en una cultura violenta que tarde o temprano define adversarios. Tómese en cuenta que como realidades sociales (y en tanto conjuntos difusos), los límites entre grupos no siempre son claramente definidos, así como tampoco las consecuencias sociales operativas de los grupos. Y sin embargo son hasta cierto punto diferenciables puesto que no es lo mismo el pandillero veterano que incurre en el narcomenudeo (Tipo IV) que el estudiante de clase media o barrio que en una actividad deportiva inter-escolar sale a defender a su equipo humillado por la derrota (Tipo I). Tienen en común que recurren a la violencia (eso es un distintivo típico de nuestra sociedad), pero pertenecen a grupos diferenciables y como tal no pueden tener el mismo tratamiento en términos de prevención del delito y de la violencia. 

Nuestro error descomunal, conceptual y operativo, es poner en el mismo saco a todos con la etiqueta de “maras y pandillas” y considerar a todos criminalesy terroristas. Yo estoy de acuerdo en que puede ser problemático en proponer y ejecutar un proceso de diálogo con los del Tipo IV. Pero con los que corresponde a Tipo II y III lo veo urgente y necesario. En realidad, cualquier tipo de intervención comunitaria, típica de las acciones de desarrollo territorial por ejemplo, pero también las religiosas (como las de evangelización) o incluso políticas (en términos de organización y concientización) tarde o temprano desarrollan relaciones específicas con los grupos locales con los que se genera algún tipo de entendimiento. Esto es así simple y sencillamente porque se trabaja con los actores presentes en el territorio y no pueden ignorarse. Más aún si estos actores territoriales están interesado, en la medida que han sido excluidos, en generar procesos económicos incluyentes.
Haciendo a un lado el problemático grupo del Tipo IV, entrar en contacto con los demás grupos, específicamente con el Tipo III, lo que se va a colocar sobre la mesa, si pensamos en términos de negociación, van a ser simplemente medidas de inclusión. En mi experiencia con un grupo específico, estos estaban conscientes de su situación “de vagancia”: ni estudian ni trabajan. Había alguna excepción (de X que vendía panes de carretón y de Y que vendía perfumes por catálogo). Por tanto, lo lógico era pedir procesos que permitiesen su inclusión: que se les admitiese en la escuela sin discriminación o que se habilitase formas de incorporación laboral. Todo bajo una premisa fundamental que ofrecían y solicitaban: respeto. 
 
Por tanto, establecer un proceso de diálogo y/o negociación con maras y pandillas, con las anotaciones que hemos hecho, no es más que poner en marcha un proceso de inclusión social y de desarrollo territorial incluyente. Se equivocan fatalmente aquellos que despachan el asunto aduciendo simplemente (con demasiado simplismo) que no se puede negociar con criminales, porque el argumento es incorrecto. 

3. Los términos del proceso posible 

El tercer elemento de fondo de todo esto tiene que ver con asuntos metodológicos y procesuales. ¿Qué queremos decir con la llamada al diálogo? ¿Quiénes deben estar procesualmente incluidos? ¿Qué etapas se pueden distinguir? No se trata de colocarse ya y de inmediato unos frente a otros a ver qué sale. En primer lugar, porque a pesar del ejercicio exitoso de diálogo y negociación que puso fin a nuestra guerra civil (que lo exitoso se dice al final del proceso, porque la dificultad fue permanente), en realidad nuestra cultura no está habituada al diálogo. En segundo lugar, porque suele existir un nivel bastante alto de percepción negativa mutua que hace necesario, previo a la instalación formal de la mesa de diálogo, un trabajo de mediación (en sentido estricto y no sólo como intermediación) que favorezca la reducción de las percepciones de adversariedad. 

En términos procesuales, siguiendo los términos clásicos de construcción de paz definidos por Adam Curle, al proceso de transacción le anteceden etapas de concientización (sensibilización) y de confrontación. Tomado en cuenta que no son procesos lineales, está claro que los niveles de confrontación (léase los niveles exacerbados de violencia en la sociedad) nos están conduciendo con claridad a la disyuntiva de “o nos matamos todos o recurrimos a procedimientos alternativos”. Con “nos matamos todos”, que es una expresión genérica, en verdad lo que de fondo establecemos es el hecho ya presente del incremento exponencial de las muertes, especialmente jóvenes, y que sin embargo, la violencia no cesa. Por “procedimientos alternativos” queremos decir que la respuesta violenta (armada, legítima, institucional, informal o de la forma que sea) no es la solución. 

Aquí el principio fundamental que “debería” regir es el de cultura de paz que tiene tres expresiones estratégicas: (1) renunciar a la violencia (2) promover el diálogo y (3) abordar los conflictos desde la raíz. Y dado que escasamente podremos encontrar personas y grupos que hagan manifiesto su rechazo a la cultura de paz, y más bien encontramos declaraciones favorables a ello, en realidad lo que sigue es proceder en operación esos tres principios estratégicos. 

Por tanto, aunque se tache de principismo, frente a un problema social grave para el país, ¿por qué no se va a echar mano del diálogo para abordarlo y preferirse otro tipo de medidas contrarias a la cultura de paz? Punto de partida precisamente es determinar los procesos de sensibilización entre las partes necesarios para asumir el proceso. Comenzando por el “renunciar a la violencia”, tomando en cuenta que no se trata de una mera declaración, puesto que la violencia tiene su complejidad (en su causalidad, en sus factores de riesgo, etc.) para lo que no basta la buena voluntad (de la misma manera que no basta con decir “yo quiero ser sano” frente a la enfermedad). Y aquí, parte del firme compromiso del renunciar a la violencia, implica favorecer los mecanismos del diálogo. 
Desde aquí, vale la pena preguntarse, y levantar los radares de la sospecha, ¿qué hay detrás de una negativa al diálogo? 

La negativa puede partir de reconocer que no hay condiciones para hacer un proceso digno y transparente. Pero eso no debería implicar un cierre total a la posibilidad de diálogo, sino una inclinación para construir las condiciones que lo hagan posible. De ahí que es llamativo y sospechoso el cierre total. Uno puede tener dudas y las dudas pueden abordarse, pero no la seguridad a rajatablas. 

Tampoco se trata en principio de construir una mesa donde estén todos los actores habidos y por haber. Claro, el principio de ventilación de lo público de manera abierta y transparente debe cumplirse, pero debe tomarse en cuenta, que como proceso de comunicación debe también guardarse cierto sigilo (que no tiene por qué oponerse a la transparencia) puesto que siempre hay opositores interesados en boicotear procesos. Al asunto de la transparencia se puede responder contando con gestores de la verdad que puedan dar garantía de proceso sin que tenga que ventilarse públicamente todos y cada uno de los detalles. Si esto fuese así, deberíamos comenzar por exigir lo mismo a todas las comisiones gubernamentales de cualquier tipo así como a las discusiones internas de cualquier partido político puesto que unas y otras tratan de los asuntos públicos. Pero sabemos que no es así puesto que siempre hay niveles de confidencialidad. 

4. Procesos de diálogo: para comenzar un proceso 

Sin lugar a dudas, no puede comenzarse con un proceso público, abierto y multinivel. Una cosa es que los llamamientos o invitaciones sean públicas, pero los procesos no pueden serlo. 

Hay dos que tres caminos inmediatos posibles a desarrollar que pueden ser fructíferos como inicio de proceso 

a. Procesos territoriales (limitados a un territorio). De hecho, desde hace un buen tiempo (incluso antes y después de la tregua de 2012) se han registrado procesos no- formales de diálogo (o incluso alguna forma de comunicación más o menos directa). Estos tienden a mostrar que los entendimientos favorables para las partes son posibles. En esto hay algunas experiencias desarrolladas por el párroco o pastor local, por un director escolar o algún funcionario municipal. Estas iniciativas deben potenciarse y documentarse, para finalmente “sumarse” en una perspectiva “nacional”. Esto es así porque, si bien territorialmente tiene más sentido para abordar las problemáticas, tarde o temprano nos encontramos con problemas que requieren intervención del nivel central del estado (sea en el ámbito legislativo, ejecutivo o judicial). Me parece que hay más condiciones favorables para diálogos locales que para un diálogo nacional, así como creo que un proceso nacional debería estar alimentado por procesos locales. 

b. Procesos de sensibilización e intermediación. Las voces contra cualquier tipo de diálogo parecen ser mayoritarias. En realidad suelen ser muchísimos menos de lo que parecen (esto es así porque en el fondo racional, todos estamos más bien tendientes al entendimiento). Hay muchos actores favorables al diálogo, si bien son más los que dudan por alguna razón en específico o temen por razones de seguridad pronunciarse. Las Iglesias Luterana (Medardo Gómez) y Católica (Gregorio Rosa) ya se han mostrado favorables; así mismo hay otras iglesias, aglutinadas en IPAZ por ejemplo que respaldan la iniciativa. También está por ejemplo OEA, así como otros actores clave como A. Cabrales (Fundación Humanitaria / FUSADES) o mediáticos como A. Gutman (Fundación Forever). Incluso, el director de Medicina Legal ha abierto la puerta a la posibilidad11. Mayor la cantidad de voces que se pronuncie positivamente, mayor la posibilidad de viabilizar el espacio y el proceso.
Este proceso de declaración debería ser acompañado del cabildeo necesario con instancias gubernamentales y sociedad civil que pueda ir abriendo puertas al proceso. Técnicamente, debería haber un equipo de mediación cuyo acometido fundamental ha de ser precisamente la reducción de adversariedad entre los interlocutores y frente a la opción del diálogo. El análisis concreto de la situación concreta deberá indicar en un mapa de actores quiénes han de ser los actores clave en la construcción de alianzas, así como los posibles opositores del proceso que pueda ser necesario neutralizar. 

Parte esencial de este proceso ha de requerir de un equipo idóneo (y neutral en el mejor de los sentidos de la mediación) que técnicamente se centre en los elementos procedimentales mientras se abstiene de lo sustantivo, siendo acompañado en la medida de lo posible por un equipo de garantes de proceso. En esto, las Iglesias han mostrado que tienen el perfil para ello. 

c. Preparación técnica
Se ha idealizado muchas veces el proceso de diálogo como un proceso de alto nivel y de carácter nacional. Creo que en algún momento ha de llegarse a eso, pero el problema que nos ocupa no necesariamente tiene una contraparte organizativa de carácter nacional (o por lo menos esa era la historia hasta hace muy poco... los hechos van mostrando que la presión y re-presión misma pueden estar conduciendo a la construcción de agrupaciones territoriales más amplias ahí donde antes sólo había grupos fragmentados). Sin duda, a partir de la experiencia de 2012 es posible determinar una Mesa Nacional de Diálogo, pero más importante me parece es la conformación de Mesas Territoriales de Diálogo puesto que las particularidades territoriales son importante en esta problemática social. 

Para estos procesos territoriales necesitaremos personal técnicamente capaz de impulsar y sostener procesos de diálogo, de perfilarse como mediador y con potencial integrador. No es suficiente la buena voluntad y se requiere de preparación técnica. Las Universidades, Centros de Investigación y ONGs relacionadas tienen en este punto una obligación técnica importante que no debe tomarse a la ligera. Al mismo tiempo debe verse esto como una oportunidad no sólo para contribuir en el corto plazo a procesos de diálogo, sino también para propiciar a largo plazo un cambio cultural: de la cultura de la violencia a la cultura de paz. 

5. ¿Diálogo o Negociación? 

Una cosa lleva a la otra; si se hace bien, lo otro saldrá bien, pero no es necesariamente un camino unidireccional. Pero no es lo mismo. Fácilmente se confunde o adrede se enreda para impedir procesos. 

Diálogo no es más que intercambio bidireccional; hacerse escuchar es importante, pero en construcción de paz decimos que lo más importante es saber escuchar a la Otra Parte. Es lo más difícil. Sin embargo, cuando la mediación ha tenido el espacio y tiempo suficiente, se logra la apertura mínima para escuchar y mirar al otro lado. De lo contrario, ese “diálogo” se convierte en “diálogo de sordos” o en un intercambio de intereses mezquinos que conducen a una negociación marrullera. Escuchando con el debido respeto y atención, se nos permite la posibilidad de mirar las cosas desde otra perspectiva y colocarnos en el camino de la comprensión del problema y buscar las soluciones conjuntas (que es ya la apertura a la negociación). 
 
La Negociación, de ser necesaria, viene después. Suele pasar que convivimos con una visión marrullera de la negociación o la típica de perder ganar. En construcción de paz, la negociación es el momento honesto de las partes por conciliar sus diferencias tomando las medidas que deben tomarse en un contexto de ganar ganar, sin ceder, sin perder. 

Cuando el diálogo es legítimo, implica el reconocimiento de las diferencias, pero también, en el contexto de transformación en el conflicto, implica la introducción de cambios mutuos entre las partes, esto es la negociación y por eso se llama inter-cambio o transacción como la llama Adam Curle, a fin de generar una nueva situación más justa. 

Una negociación sin el diálogo necesario y previo corre el riesgo de hacer un simple proceso de exigencias sin sentido como típica negociación por posiciones y por tanto sin sentido. De ahí que lo esencial sea propiciar el diálogo. 



 1 Luis Monterrosa, Pandillas, Juventud y Violencia” en www.justiciarestaurativa.org. También el Centro de Estudios de Justicia de las Américas (www.ceja.cl) lo recoge en su biblioteca virtual.
2 Su obra clásica, Conflictividad y pacificación, Herder, 1978. En El Salvador publicamos en Yek Ineme en la serie Materiales para la Discusión un capítulo de este libro y fue titulado como “La práctica de buscar la paz”. En luismonterrosadiaz.blogspot.com puede accederse a una copia digital.
3 Véase de Adam Curle su pequeño escrito “Sobre la mediación” en Materiales para la Discusión y el acceso digital en el lugar ya indicado.
4 David Escobar Galindo, “Dos Palabras”, en PNDU, Violencia en una sociedad en transición, San Salvador, 1998, p. 8
5 Véase el cuadro y la serie completa en http://public.tableau.com/profile/el.faro#!/  Figura 1 
6 Véase José Miguel Cruz y Luis Armando González, Magnitud de la violencia en El Salvador, ECA n. 588, octubre de 1997.
7 Véase Violencia juvenil, maras y pandillas en El Salvador: documento para la discusión, Interpeace, San Salvador, 2010
8 Véase J. Katz y C. Jackson-Jacobs, “The criminologists ́Gang” en C. Summer (ed) Blackwell Companino to Criminology, Blackwell 2004, pp. 91-124. En la misma línea, vale la pena leer a Martin Sánchez-Jankowski, “Gangs and social change” en Theoretical Criminology, Vol. 7 (2): 191-216, así como a José Luis Rocha, “Mareros y pandilleros: ¿nuevos insurgentes, criminales?, Revista Envío n. 293, Managua, 2006
9 En la matemática clásica, x pertenece o no pertenece al conjunto A, si cumple una característica específica. En la teoría de los conjuntos difusos, x pertenece al conjunto A en un grado determinado según una característica específica. Por supuesto, también hay una lógica difusa. Como referencia véase el artículo pionero de L.A. Zadeh, Fuzzy Sets, Information and Control 8, 338 353 (1965) 
10 Este dato es importante desde el punto de vista de la etiología de la violencia, pero no vamos a entra aquí en este momento. Baste agregar en esta misma dirección que en un muy reciente Foro escuché a Héctor Dada referirse a las pandillas como un tipo de expresión anómala de inclusión. Me parece acertadísimo. 
 11 Cf. Diario1.com/zona-1/2015/08/husmeando-en-las-redes-sociales-del-barrio18-com accesado el 17.08.2015


Columna transversal: Perfil del nuevo fiscal general

Hay un consenso muy amplio de que el país necesita una fiscalía diferente, con un fiscal general radicalmente diferente al actual. Aunque el partido de gobierno parece apostar a la reelección de Luis Martínez, incluso detrás de este pacto de conveniencia hay muchas dudas, profunda desconfianza, y ninguna convicción. Fuera de los círculos de GANA, Tony Saca y Enrique Rais cuesta encontrar quien con convicción defienda (y respeta) al fiscal.


Sólo podemos esperar (o rezar) que en septiembre, cuando se abra el proceso formal de elección del nuevo fiscal general en la Asamblea, surjan algunos candidatos idóneos. Debido a la falta de un mecanismo institucional de selección de candidatos, como existe para magistrados de la Corte Suprema, los interesados en convertirse en fiscal general tienen que presentar, por su propia iniciativa, su candidatura ante la Asamblea. Dentro de las muchas reformas que necesita la Fiscalía, habría que comenzar con diseñar un mecanismo institucional de selección que asegure que para el cargo de fiscal general sean postulados los mejores y más idóneos profesionales de derecho – y que entre ellos la Asamblea elija al más idóneo.

Definamos idóneo

A esta altura no se puede hablar de nombres, pero sí urge hablar del perfil del fiscal que necesita el país.

I.
El próximo fiscal tiene que ser independiente. Esto significa mucho más que el requisito formal de no tener vínculos orgánicos con algún partido. Tiene que ser una persona preparada para resistir las presiones de todos los poderes, formales y fácticos, que intervienen en el país: gobierno, partidos, empresarios, embajada de Estados Unidos…

Es más: Tiene que ser una persona capaz de trabajar junto con todos estos poderes sin dejarse ni presionar, ni chantajear, ni tentar, ni comprometer por ellos. Y esto sólo será posible si el próximo fiscal se convierte en el fiel portador de las aspiraciones de justicia de una sociedad que ya no acepta la impunidad y la corrupción. Necesitamos un fiscal que entiende que su rol (y el de su institución) como defensor del Estado significa defensor de la sociedad. Y ciertamente, no del gobierno.



II.
El próximo fiscal tiene que tener la capacidad de enfrentar la violencia, actualmente el problema que más afecta al país, pero con principios y formas que fortalezcan el estado de Derecho, las libertades, los Derechos Humanos. El fiscal tiene que ser el guardián de que el Estado, para ganar la guerra que ha declarado a la delincuencia y la violencia, no se vuelva autoritario, represivo y generador de violencia, sino más democrático y más comprometido con los derechos individuales y con el estricto apego a la ley. Sólo así el Estado será capaz de ganar la batalla contra la violencia sin desnaturalizarse.

III.
El próximo fiscal tiene la tarea impostergable de reformar la fiscalía - con un fin principal: erradicar la impunidad. Aunque es cierto que la impunidad tiene que ver con fiscales, jueces y policías corruptos, el principal problema sigue siendo la ineficiencia, sobre todo en la capacidad de investigación. Superar esto requiere un liderazgo y una plan visionario para una profunda reingeniería de la fiscalía. Y ahí se cierra el círculo: Solamente un fiscal general independiente que ha logrado movilizar para esta tarea el apoyo de todos los partidos y de la sociedad entera, puede enfrentar este reto. Ninguna agenda partidaria, pero tampoco ninguna agenda de poder personal del fiscal general (que de por si es el hombre más poderosos del país), debe interponerse y desnaturalizar esta función. Precisamente por esto, al actual fiscal se descalificó.

IV.
Para enfrentar este reto, que es enorme, el próximo fiscal tiene que tener la voluntad y la capacidad de movilizar los apoyos necesarios. Ahí entra el debate que ha surgido en toda la región: una Comisión Internacional contra la Impunidad. El próximo fiscal general, si asume su cargo con esta concepción arriba resumida, debe tener la audacia de instalar, dentro de la Fiscalía General de la República, una Comisión Internacional, con amplias facultades, alto grado de independencia, que le ayude a reformar la fiscalía y elevar la calidad, contundencia y profesionalidad de las investigaciones. El fiscal general tiene la autoridad para hacer esto, esté de acuerdo el gobierno de turno o no, siempre y cuando actúa como “el fiel portador de las aspiraciones de justicia de una sociedad” que mencionamos arriba.

Con una Comisión Internacional, compuesta por expertos de primera clase, y con el adecuado financiamiento que en este caso la comunidad internacional estaría más que dispuesta a aportar, el próximo fiscal general puede combatir la violencia, la corrupción, la impunidad y fortalecer el Estado de Derecho.

Queda dos interrogantes: ¿Cómo podemos motivar que los pocos hombres o mujeres que tienen la integridad, la profesionalidad y el liderazgo para enfrentar este reto, presenten su candidatura a fiscal general y se someten al proceso político engorroso? Nadie lo hará si no puede contar con la intervención y el apoyo de la sociedad civil.

Y la otra interrogante: ¿Cómo obligar a la Asamblea Legislativa y los partidos a ponerse de acuerdo y respaldar a un candidato independiente y posiblemente incómodo? Nuevamente, depende de todos nosotros.
(El Diario de Hoy)